EL AÑO PASADO, con 74, Jorge Herralde contestó a docenas de preguntas sobre el futuro de Anagrama que los periodistas llevaban tiempo formulándole. Se dio un apretón de manos con Carlo Feltrinelli, director de la editorial homónima, para sellar la venta de su sello a la firma italiana.

¿Por qué vendió la editorial a Feltrinelli?
Fue un criterio cronológico. La editorial está en buena forma, con una situación económica buena. El futuro a medio plazo es que Carlo y su madre, Inge, que es la presidenta de Feltrinelli, se ocupen de la administración. Su editorial es muy potente, tiene una cadena de 140 librerías. A Carlo le entusiasma Anagrama, le gusta mucho nuestro catálogo. No ha hecho ni la menor ingerencia. Ellos están interesados en América Latina y Anagrama les sirve porque tiene una presencia importante en países importantes, como Argentina y México.

Feltrinelli no asumirá la dirección literaria. ¿Me va a dar el nombre de su sucesor?
El equipo seguirá siendo el mismo hasta dentro de tres o cuatro años durante los que iré pensando quién puede ser. Si Carlo está de acuerdo en el nombre, el relevo durará un tiempo durante el que esa persona seguirá asesorada por mí.

Usted dijo que los libros electrónicos no serían cosa de inversores, sino de editores.
Son tiempos de grandes incógnitas, con mutaciones rápidas, por lo que es difícil hacer predicciones. Anagrama está en Libranda, pasando sus novedades a libro electrónico. Estamos como todos, a la espera de cómo va a desembocar. Lo que deseo es que las librerías sigan existiendo. Por lo menos Libranda sólo permite las descargas en librerías.

La llegada del e-book parece mucho más lenta de los que nos anunciaron los grandes gurús.
Los grandes gurús son empleados de los fabricantes de cacharros electrónicos. Les interesa decir eso.

¿La piratería puede ser un freno al libro electrónico? Una editorial como la suya, que traduce mucho, no lo hará sino recupera la inversión.
Puede ser un problema. Estamos en ese tiempo en el que  lo viejo se resiste a morir y lo nuevo no acaba de nacer. Hasta dentro de cuatro o cinco años no sabremos lo que va a suceder.