SALVADOR SOSTRES, en El Mundo: [Todo parece indicar que DSK y la camarera mantuvieron un encuentro sexual consentido y furtivo, y que luego la chica, como suele pasar en estos casos, quiso administrar el tonto desliz de un hombre influyente para enriquecerse. Ella dice que no le conocía de nada cuando entró en la suite pero al cabo de pocas horas ya tenía pensado cómo sacarle “mucho dinero”, según la conversación que mantuvo con su novio encarcelado. He visto a mucha gente mentir: sé cómo gesticulan, conozco su tono victimista, sus lágrimas de cocodrilo, sus excusas inconcebibles. Esta camarera se parece a cualquier mentirosa y me es imposible descubrir en ella el menor acento de sinceridad. El caso no está cerrado, y si me equivoco no tendré ningún inconveniente en reconocerlo. Pero me parece que de lo único que se puede acusar al señor Strauss-Khan es de no haber dejado propina.