Los espectadores se volvían para mirarme a cada poco. Yo estaba leyendo un libro en la grada del estadio Pepe Barrera. Cuando acababa una jugada del Ribadeo o del Andés FC o cuando yo doblaba la esquina de una página que me había secado los ojos, sorprendía a algún aficionado recién comido y satisfecho de su domingo de sol, fútbol y Gatorade mirando cauteloso hacia el hombre de gafas graduadas en plástico negro, y la barriga abultada y gozosa.

(Agora mesmo en Cosmonauta con Vértigo)